
La noche del 5 de enero de 2011 me disponía a visitar a mi hijo J por primera vez en este an~o. Iba muy puntual en mi coche por lo que se puede comparar en Berlín con el periférico del DF, conocido aquí como la autopista A-100. Había mucha circulación esa noche, de hecho estaba anunciado un embotellamiento en las sen~ales de tránsito. Debido al frío existía el peligro de encontrar en la autopista planchas de hielo así que había que circular a baja velocidad. Aún asi estaba a tiempo para llegar puntual a la cita. Estaba por tomar la salida correspondiente para llegar a la casa de J cuando mi coche hizo un estruendo y se agitó hacia la derecha en dirección al muro del periférico, en menos de un segundo me di cuenta de que un trailer doble me había golpeado al virar hacia la derecha sin haber tomado la precaución de ver si había un coche. Seguí adelante, tomé la salida y el trailer sorprendentemente me siguió. Me paré a un lado de la rampa de salida y el trailer hizo lo mismo. Bajé del coche todavía sin creer que el trailer se hubiera parado en vez de darse a la huida. Caminé hacía el trailer y después de unos metros vi que tenía placas de Polonia. El chofer se bajó del trailer y empezó a gemir en lo que para él resultaba ser alemán "no ver! no ver!".
Esa noche la temperatura había bajado nuevamente a niveles extremos hasta -10°C. Me dí cuenta de que al salir de prisa de la casa por la ansiedad de ver a J había olvidado el teléfono celular. El chofer se quedó cruzado de brazos sin decir más y simplemente me veía. No hablaba alemán y mucho menos tenía interés en entender lo que yo le decía. Le dije "teléfono?" y los sen~alé a él con el dedo. Sin mayor agitación se sacó el teléfono de la bolsa de la chaqueta, hice un gesto de tomar el teléfono y de inmediato negó con la mano "firma, firma!". En pocas palabras no tenía la menor intención en ayudarme a llamar a la policía. Parados a mitad de la autopista en medio del frío que partía el cuerpo se me ocurrió pedir ayuda a los alemanes, siempre comprometidos con las causas humanitarias y preocupados por la suerte del prójimo. Empecé a hacer sen~ales a los coches que tomaban la rampa de salida para ver si alguno se paraba y me podía hacer el favor de llamar a la policía desde su celular (la llamadas a la policía y a los bomberos son gratis). Por supuesto que nadie se paró. De repente el chofer dio media vuelta y sin decir más se subió a la cabina del trailer. Yo corrí tras él para evitar lo que parecía una huida y abrí la puerta de la cabina. El polaco me empezó a insultar en su idioma y yo le contestaba en el idioma que se me ocurriera, empezamos a forcejear y gritarnos sin tener idea de los que nos estábamos diciendo uno al otro. Me di cuenta de lo absurdo de toda la situación además del riesgo de forcejear frente a la puerta izquierda del trailer por donde estaban pasando vehículos a alta velocidad. Decidí pararme frente al trailer con la idea de evitar que huyera, lo que resultaba todavía más absurdo. A fin de cuentas si no había huido al momento de ocurrir el accidente porqué iba a cometer la tontería de escaparse después de casi media hora El polaco en medio de gritos por fin se decidió a abrir la puerta derecha del trailer y hacerme una sen~al invitándome a subir. Tomó un cuaderno y empezó a escribir algo. Con mucha desconfianza me quedé en el estribo del trailer esperando a que terminara de escribir. En ese momento como milagro apareció una patrulla con la sirena encendida, bajé rápidamente del estribo y rodeé el trailer a prisa para encontrar a una policía que se acercaba sigilosamente a la cabina del trailer con la mano sobre la empun~adura de la pistola.
Lo demás fue burocraica, formularios, documentos, identificaciones, esperar a otra patrulla que tomara el reporte. La policía por fin me prestó un teléfono y pude hacer una breve llamada para avisar que llegaría con retraso, mucho retraso, a ver a J. El frío rasgaba de pies a cabeza, con la manos congeladas y sin lentes en medio de la oscuridad fue una verdadera proesa llenar el cuestionario para el reporte de la policía que exige el seguro. Por fin quedó todo claro y puede seguir mi camino para llegar a casa de J con más de una hora de retraso.
J estaba muy cansado, así que apenas llegué me tocó cambiarle los pan~ales para ponerlo a dormir. J amenaza con tener un tempramento muy fuerte, a pesar del cansancio que le enrojecía los ojos se negaba a dormir y lloraba cada vez que lo acostaba. Poco a poco lo fui convenciendo de quedarse tranquilo en su cama pero aún así no caía dormido. Al oir la voz de su mamá que regresaba de una cita estiró el cuello en dirección a la puerta y por fin sonrió nuevamente al sentri los brazos de la mamá que de inmediato le dió el pecho y así por fin se quedó dormido.
En fin el polaco me arrunió la primera noche de reyes con mi hijo. Seré muy rudo si le digo hijo de puta al muy cabrón?
O sea que te aventaste una bronca con un camionero Polaco en Alemania; a eso le llamo globalización. Me pondré al día en tus blogs.
ReplyDelete:-))) Hey muy al día, solo me faltó ponerlo en Twitter (nomás que ya borré mi cuenta en Twitter como habrás leído)
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