Sunday, March 27, 2011

Tres semanas de sol y una nube negra


Aunque parezca increíble durante Marzo tuve contacto con J a lo largo de tres semanas casi todos los días (exceptuando los "sacrosantos" fines de semana a los que no tengo derecho) porque la encargada de la guardería se enfermó, la tuvieron que operar y estuvo en incapacidad por tres semanas!
Durante esos días a la mamá no le quedó más que confiarme a J durante varias horas al día pues ella tenía que corregir trabajos (siempre recalcando que es un esfuerzo elevadamente intelectual, etc, etc. como si nadie más en este mundo llevara a cabo trabajos de tipo académico). Recogía por lo general a J a las 3:00 PM , lo llevaba a mi casa, si el tiempo lo permitía dábamos un paseo por el Tiergarten (mi Chapultepec alemán), lo llevaba de compras, lo llevaba a los cafés, lo llevaba a conocer la vida mundana de Berlín caminando por la Avenida Kurfürstendamm, le compré una mini-sudadera de los Beatles, a veces viajábamos en coche a veces en metro y autobús, en fin, lo llevaba a conocer la vida de verdad sin dejos ecologistas o de militancia política pro-esto o anti-aquello. Logré que J se sintiera cercano a mí y que incluso me pidiera los brazos cuando me acercaba a él.
Cada noche lo regresaba a su casa a eso de las 19:00 y la mamá se quedaba asombrada de ver el buen humor con que J regresaba cada día. En realidad todos los días J se portó de maravilla, no lloraba ni hacía escándalo, dormía bien, comía de maravilla, solamente repelaba cuando le cambiaba los pa~nales, pero por lo general todo marchaba de maravilla.
La mamá se mostraba cada día muy agradecida porque me hacía cargo de J y notaba la atención especial que le dedicaba al ni~no y sobre todo las precauciones que tomaba cada vez que pasaba a recogerlo.
La mamá como alemana y lesbiana ejemplar un día tuvo que ensombrecer de forma calculada tanta dicha con un ligero comentario suelto en el aire se~nalando que desde luego no pensaba quedarse para siempre en Berlín y que algún día le gustaría ya fuera regresar a su tierra o incluso irse a otro país más cálido ("ice-woman se va a derretir" pensé!). El comentario obviamente me dejó hecho un harapo y me reiteró la situación de impotencia en que me encuentro en esta constelación. Sin embargo me quedé pensando que no se irá ma~nana y el día que se vaya ya me las arreglaré para visitar a J regularmente. No todo estará perdido.
Pero lo que me dejó con un pésimo malestar fue el carácter premeditado con que de repente escupió la mamá un comentario de ese estilo con la muy marcada intención de joderme la vida, envenenarme y hacerme ver que no tengo ningún derecho sobre J, todo envuelto en una sonrisa más que provocadora.
Después de más de 10 a~nos en este país todavía no puedo acostumbrarme a la maldita amargura, el odio y el recelo que pesa sobre los alemanes independientemente de su orientación política, religión, sexo y edad. Les gusta hacerse odiar porque ellos mismos se desprecian, no pueden vivir de otra manera, están podridos.
Sea como sea las tres semanas con J no me las puede quitar ya nadie!

Wednesday, January 26, 2011

La enfermedad del egoismo


Desde que nació J mi pareja se ha comportado de una manera muy constructiva y ha hecho más que evidente el orgullo con que ve a J. En todo momento ha estado dispuesto a ayudar en todo lo que sea posible para procurar el bienestar de J y de quienes les rodean. Hacia la mamá y la amiga de la mamá (digamos las "mamás") siempre se ha conducido de forma amistosa y cálida. Desde que la mamá estaba embarazada él organizó cenas en la casa y otros encuentros para cultivar una relación amistosa, incluso viajó hasta otra ciudad en el sur de Alemania para recoger ropa y otros artículos de bebé que un pariente cercano de la mamá le regaló a ésta. Cuando J nació mi pareja fue de inmediato a armar la cuna en que iba a dormir el bebé (las mamás no pdían resolver el problema, pues la técnica está por debajo de su elevado nivel intelectual, no es para ellas; cualquier nin~o que haya jugado mecano podría armar el diminuto mueble). Cada vez que mi pareja viaja a su país le trae a las mamás unas galletas típicas que ellas aprecian mucho. Después del nacimiento de J mi pareja ha organizado otros encuentros con las mamás a fin de que nuestros amigos conozcan a J (ya que las mamás constantemente nos preguntan si nuestros amigos están enterados de la existencia de J). A petición de las mamás mi pareja y yo hemos ido varias veces a su departamento a instalar muebles, repisas, fijar anaqueles, instalar lámparas, llevar muebles al sótano, etc. En suma mi pareja se ha entregado de lleno a apoyar a las mamás y a dar evidentes muestras de afecto hacia J.

La última vez que mi pareja vio a J fue unos días antes de navidad porque fuimos al departamento de las mamás a instalar unas lámparas (porque ellas no saben como se instala una lámpara de IKEA). Mi pareja por cierto llevó un regalo. Ha pasado más de un mes sin que mi pareja haya visto otra vez a J, por eso esta semana quería ir conmigo el miércoles para tener el gusto de verlo otra vez. Como cortesía envié un email a la mamá anunciando que mi pareja quería acompanarme el miércoles para ver a J. La respuesta de la mamá todavía no la puedo digerir: "NO!" sin más ni más, simplemente no, ya que a su juicio habrá otras oportunidades para que mi pareja vea a J.

Si eso no es egoísmo y mezquinidad entonces no sé cómo llamarlo. Sabía que las lesbianas estaban llenas de amargura y odio, pero no sabía que no tuvieran principios.

Sunday, January 23, 2011

Después de la bronca

Sí leyeron bien, después de la bronca que me armó la mamá de J porque entre el viernes y el sábado anteriores se me ocurrió llamar varias veces por teléfono sin dejar ningún mensaje.
Pero vamos por partes. El miércoles de esa semana no pude visitar a J porque la mamá tenía un resfriado y no fue a la clase gimnasia acuática. Desde luego no le pasó por la mente decirme que de cualquier manera pasara unos minutos a ver a mi hijo, simplemente se canceló la cita, así de fácil. oO sea soló debo presentarme cuando sea de utilidad a la mamá pero no porque tenga derecho a ver a mi hijo. Al cancelar la visita por teléfono la madre de J dijo "podemos vernos otro día durante la semana" a lo que yo respondí que el fin de semana estaría muy bien y quedamos en que yo llamaría el viernes para acordar un encuentro.

Llegó el viernes, tal y como habíamos quedado llamé por teléfono pero invariablemente se activaba el contestadorautomático. Opté por intentarlo nuevamente el sábado con el mismo resultado. Seguro se preguntan: "Porqué no dejaste un mensaje en el contestador?" Por dos razones: 1) si dejo un mensaje en el contestador lo más seguro es que me ignoren; 2) me parece la cosa más imbécil del mundo dejar un mensaje en un contestador, yo hablo con una persona no con una máquina.

En vista de que las dos lesbianas asociales no me respondían al teléfono, ya algo enojado porque la mamá desechó por completo el compromiso contraido la semana anterior envié por fin un SMS a la amiga de la mamá, que es todavía más infelxible y rígida que la mamá, es algo así como la mujer SPAM que no deja pasar nada. El SMS simplemente decía "Está todo bien?". La respuesta no tardó en llegar con el tono cortante y áspero de las dos senoras: "Porqué no ha de estar todo bien? Qué quieres?". Ya algo fuera mis casillas conteste "Es muy fácil: Ver a J".

No hubo más SMS, pero unos minutos después revisé mi correo electrónico y encontré un mensaje de la mamá de J en el que me ponía por los suelos por atreverme a "perturbar su domingo sagrado" en el que ella tiene tiempo para estar con "su" hijo ya que sus múltiples "actividades de investigación académica y trabajos científicos" no le dejan tiempo durante la semana (aquí entre nos cabe anotar que el trabajo científico es una investigación sobre reportes racistas en las tiras cómicas de "Lili calcetas largas"). Después de leer el correo me hirvió la sangre de rabia por el tono tan arrogante y por la sarta de estupideces que escribía la senora, empezando por el hecho de que era sábado y no domingo, luego por el cinismo de aceptar que no contestaba deliberadamente a mis llamadas y acabando por el abierto utilitarismo con que se conduce la mamá de J hacia mí sin tomar nunca en cuenta el hecho de que yo soy el padre de J y sin mi ayuda no tendría en este momento un hijo.

Gracias a la intervención de mi pareja evité enviar un mensaje de respuesta dicíendole un par de verdades. Simplemente contesté que no había sido mi intención molestar a nadie. Lo peor del caso es que como alemana hasta la médula jamás le va a pasar por la cabeza la posibilidad de que ella haya cometido un error y haya sido impertinente y grosera sin motivo, los alemanes JAMAS se equivocan y por lo tanto JAMAS se disculpan.

Pasé toda la semana con el ánimo por los suelos preguntándome si no sería mejor empezar a despedirme lentamente de J, pues mientras más tiempo pase más doloroso va a ser desprenderme de él. Tal y como se comportan las dos aguerridas lesbianas no tarda el día en que me manden a la mierda para poder sellar por fin herméticamente su círculo de aislamiento antimasculino y odio hacia la sociedad.

El miércoles llegué puntualmente a la cita para ver a J sin verdadero ánimo. La mamá me recibió como si nunca hubiera pasado nada, yo por mi parte evité al máximo cruzar palabara con ella como no fuera estrictamente necesario. La novedad esa noche fue que la mamá escribió un plan de actividades muy detallado sobre lo que tenía que hacer yo mientras ella no estuviera; que puedo decir, los alemanes!

Ese día J se portó bien, estaba muy cansado (a mí solamente me toca verlo cuando está cansado), lloró un poco, no quiso comer nada echando por tierrra el plan elaboradísimo que hizo la mamá (donde describía incluso cómo debía sentarme a J sobre las piernas para darle de comer) y se durmió relativamente pronto. Aún así me dió tiempo de tomarle un video y recapacitar sobre la idea de despedirme de él. Creo que voy a tener que seguir soportando la arrogante estupidez alemana y morderme la lengua pues no creo que pueda despedirme de J tan fácilmente.

Sunday, January 9, 2011

La noche de reyes


La noche del 5 de enero de 2011 me disponía a visitar a mi hijo J por primera vez en este an~o. Iba muy puntual en mi coche por lo que se puede comparar en Berlín con el periférico del DF, conocido aquí como la autopista A-100. Había mucha circulación esa noche, de hecho estaba anunciado un embotellamiento en las sen~ales de tránsito. Debido al frío existía el peligro de encontrar en la autopista planchas de hielo así que había que circular a baja velocidad. Aún asi estaba a tiempo para llegar puntual a la cita. Estaba por tomar la salida correspondiente para llegar a la casa de J cuando mi coche hizo un estruendo y se agitó hacia la derecha en dirección al muro del periférico, en menos de un segundo me di cuenta de que un trailer doble me había golpeado al virar hacia la derecha sin haber tomado la precaución de ver si había un coche. Seguí adelante, tomé la salida y el trailer sorprendentemente me siguió. Me paré a un lado de la rampa de salida y el trailer hizo lo mismo. Bajé del coche todavía sin creer que el trailer se hubiera parado en vez de darse a la huida. Caminé hacía el trailer y después de unos metros vi que tenía placas de Polonia. El chofer se bajó del trailer y empezó a gemir en lo que para él resultaba ser alemán "no ver! no ver!".
Esa noche la temperatura había bajado nuevamente a niveles extremos hasta -10°C. Me dí cuenta de que al salir de prisa de la casa por la ansiedad de ver a J había olvidado el teléfono celular. El chofer se quedó cruzado de brazos sin decir más y simplemente me veía. No hablaba alemán y mucho menos tenía interés en entender lo que yo le decía. Le dije "teléfono?" y los sen~alé a él con el dedo. Sin mayor agitación se sacó el teléfono de la bolsa de la chaqueta, hice un gesto de tomar el teléfono y de inmediato negó con la mano "firma, firma!". En pocas palabras no tenía la menor intención en ayudarme a llamar a la policía. Parados a mitad de la autopista en medio del frío que partía el cuerpo se me ocurrió pedir ayuda a los alemanes, siempre comprometidos con las causas humanitarias y preocupados por la suerte del prójimo. Empecé a hacer sen~ales a los coches que tomaban la rampa de salida para ver si alguno se paraba y me podía hacer el favor de llamar a la policía desde su celular (la llamadas a la policía y a los bomberos son gratis). Por supuesto que nadie se paró. De repente el chofer dio media vuelta y sin decir más se subió a la cabina del trailer. Yo corrí tras él para evitar lo que parecía una huida y abrí la puerta de la cabina. El polaco me empezó a insultar en su idioma y yo le contestaba en el idioma que se me ocurriera, empezamos a forcejear y gritarnos sin tener idea de los que nos estábamos diciendo uno al otro. Me di cuenta de lo absurdo de toda la situación además del riesgo de forcejear frente a la puerta izquierda del trailer por donde estaban pasando vehículos a alta velocidad. Decidí pararme frente al trailer con la idea de evitar que huyera, lo que resultaba todavía más absurdo. A fin de cuentas si no había huido al momento de ocurrir el accidente porqué iba a cometer la tontería de escaparse después de casi media hora El polaco en medio de gritos por fin se decidió a abrir la puerta derecha del trailer y hacerme una sen~al invitándome a subir. Tomó un cuaderno y empezó a escribir algo. Con mucha desconfianza me quedé en el estribo del trailer esperando a que terminara de escribir. En ese momento como milagro apareció una patrulla con la sirena encendida, bajé rápidamente del estribo y rodeé el trailer a prisa para encontrar a una policía que se acercaba sigilosamente a la cabina del trailer con la mano sobre la empun~adura de la pistola.

Lo demás fue burocraica, formularios, documentos, identificaciones, esperar a otra patrulla que tomara el reporte. La policía por fin me prestó un teléfono y pude hacer una breve llamada para avisar que llegaría con retraso, mucho retraso, a ver a J. El frío rasgaba de pies a cabeza, con la manos congeladas y sin lentes en medio de la oscuridad fue una verdadera proesa llenar el cuestionario para el reporte de la policía que exige el seguro. Por fin quedó todo claro y puede seguir mi camino para llegar a casa de J con más de una hora de retraso.

J estaba muy cansado, así que apenas llegué me tocó cambiarle los pan~ales para ponerlo a dormir. J amenaza con tener un tempramento muy fuerte, a pesar del cansancio que le enrojecía los ojos se negaba a dormir y lloraba cada vez que lo acostaba. Poco a poco lo fui convenciendo de quedarse tranquilo en su cama pero aún así no caía dormido. Al oir la voz de su mamá que regresaba de una cita estiró el cuello en dirección a la puerta y por fin sonrió nuevamente al sentri los brazos de la mamá que de inmediato le dió el pecho y así por fin se quedó dormido.

En fin el polaco me arrunió la primera noche de reyes con mi hijo. Seré muy rudo si le digo hijo de puta al muy cabrón?