Sí leyeron bien, después de la bronca que me armó la mamá de J porque entre el viernes y el sábado anteriores se me ocurrió llamar varias veces por teléfono sin dejar ningún mensaje.
Pero vamos por partes. El miércoles de esa semana no pude visitar a J porque la mamá tenía un resfriado y no fue a la clase gimnasia acuática. Desde luego no le pasó por la mente decirme que de cualquier manera pasara unos minutos a ver a mi hijo, simplemente se canceló la cita, así de fácil. oO sea soló debo presentarme cuando sea de utilidad a la mamá pero no porque tenga derecho a ver a mi hijo. Al cancelar la visita por teléfono la madre de J dijo "podemos vernos otro día durante la semana" a lo que yo respondí que el fin de semana estaría muy bien y quedamos en que yo llamaría el viernes para acordar un encuentro.
Llegó el viernes, tal y como habíamos quedado llamé por teléfono pero invariablemente se activaba el contestadorautomático. Opté por intentarlo nuevamente el sábado con el mismo resultado. Seguro se preguntan: "Porqué no dejaste un mensaje en el contestador?" Por dos razones: 1) si dejo un mensaje en el contestador lo más seguro es que me ignoren; 2) me parece la cosa más imbécil del mundo dejar un mensaje en un contestador, yo hablo con una persona no con una máquina.
En vista de que las dos lesbianas asociales no me respondían al teléfono, ya algo enojado porque la mamá desechó por completo el compromiso contraido la semana anterior envié por fin un SMS a la amiga de la mamá, que es todavía más infelxible y rígida que la mamá, es algo así como la mujer SPAM que no deja pasar nada. El SMS simplemente decía "Está todo bien?". La respuesta no tardó en llegar con el tono cortante y áspero de las dos senoras: "Porqué no ha de estar todo bien? Qué quieres?". Ya algo fuera mis casillas conteste "Es muy fácil: Ver a J".
No hubo más SMS, pero unos minutos después revisé mi correo electrónico y encontré un mensaje de la mamá de J en el que me ponía por los suelos por atreverme a "perturbar su domingo sagrado" en el que ella tiene tiempo para estar con "su" hijo ya que sus múltiples "actividades de investigación académica y trabajos científicos" no le dejan tiempo durante la semana (aquí entre nos cabe anotar que el trabajo científico es una investigación sobre reportes racistas en las tiras cómicas de "Lili calcetas largas"). Después de leer el correo me hirvió la sangre de rabia por el tono tan arrogante y por la sarta de estupideces que escribía la senora, empezando por el hecho de que era sábado y no domingo, luego por el cinismo de aceptar que no contestaba deliberadamente a mis llamadas y acabando por el abierto utilitarismo con que se conduce la mamá de J hacia mí sin tomar nunca en cuenta el hecho de que yo soy el padre de J y sin mi ayuda no tendría en este momento un hijo.
Gracias a la intervención de mi pareja evité enviar un mensaje de respuesta dicíendole un par de verdades. Simplemente contesté que no había sido mi intención molestar a nadie. Lo peor del caso es que como alemana hasta la médula jamás le va a pasar por la cabeza la posibilidad de que ella haya cometido un error y haya sido impertinente y grosera sin motivo, los alemanes JAMAS se equivocan y por lo tanto JAMAS se disculpan.
Pasé toda la semana con el ánimo por los suelos preguntándome si no sería mejor empezar a despedirme lentamente de J, pues mientras más tiempo pase más doloroso va a ser desprenderme de él. Tal y como se comportan las dos aguerridas lesbianas no tarda el día en que me manden a la mierda para poder sellar por fin herméticamente su círculo de aislamiento antimasculino y odio hacia la sociedad.
El miércoles llegué puntualmente a la cita para ver a J sin verdadero ánimo. La mamá me recibió como si nunca hubiera pasado nada, yo por mi parte evité al máximo cruzar palabara con ella como no fuera estrictamente necesario. La novedad esa noche fue que la mamá escribió un plan de actividades muy detallado sobre lo que tenía que hacer yo mientras ella no estuviera; que puedo decir, los alemanes!
Ese día J se portó bien, estaba muy cansado (a mí solamente me toca verlo cuando está cansado), lloró un poco, no quiso comer nada echando por tierrra el plan elaboradísimo que hizo la mamá (donde describía incluso cómo debía sentarme a J sobre las piernas para darle de comer) y se durmió relativamente pronto. Aún así me dió tiempo de tomarle un video y recapacitar sobre la idea de despedirme de él. Creo que voy a tener que seguir soportando la arrogante estupidez alemana y morderme la lengua pues no creo que pueda despedirme de J tan fácilmente.
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